viernes, 31 de julio de 2020

UNA VIDA DE AMOR

La resurrección del Señor Jesús sigue siendo, y será eternamente, el hecho más importante de la humanidad y del Eterno Presente de Dios.

La resurrección del Señor Jesús sigue siendo, y será eternamente, el hecho más importante de la humanidad y del Eterno Presente de Dios.

Hoy podemos seguir escuchando su voz dándonos razones del por qué su importancia, e invitándonos a hacer lo mismo que Él – Jesús – hizo por nosotros, es decir, LLEVAR UNA VIDA DE AMOR.

Una vida de amor es una vida de entrega. No se evidencia solamente en nuestros más cercanos, se evidencia con toda la humanidad y con toda la creación.

Al llevar una vida de amor aceptamos el silencio y/o la expresión del otro aunque él y ella sean diferentes a la nuestra.

El amor se demuestra cuando respetamos el semáforo, la señal de tránsito, la vida, la reputación y la dignidad del otro.

Una vida de amor se evidencia en el padre y la madre que dedican su vida al cuidado de los hijos.

Una vida de amor se manifiesta cuando la gratitud de los hijos hacia los padres conlleva honra, actos y palabras.

Una vida de amor no responde con insultos aunque nos insulten, ni con amenazas cuando padecemos persecución.

Una vida de amor restaura al adversario, perdona al ofensor, corrige al inexperto, tolera al difícil.

Una vida de amor no puede evitar las discusiones en las relaciones de pareja, pero nos enseña que, quien ama una relación no permanece en la discusión.

Una vida de amor nos permite rechazar las conductas del otro sin que lo rechacemos a él, o dicho al contrario, nos permite aceptar a los demás, aunque no aceptemos sus conductas.

Una vida de amor es la mejor y única forma de imitar a Dios.


jueves, 30 de julio de 2020

AMOR QUE SANA




La cicatrización de las heridas es un proceso biológico mediante el cual se reparan los tejidos vivos, luego de una lesión. Cada herida es única en su tipo, pues depende de su gravedad, de la persona que la presenta, de su estado de salud y de sus hábitos de vida. El proceso de reparación comporta distintas fases, las cuales, dependiendo del tamaño de la herida, pueden durar más de un año. No obstante, hay heridas las que no se les puede determinar cuándo sanarán o si alguna vez cerrarán. Las heridas que se ven a simple vista corresponden mayormente a lesiones del tejido epitelial; y es normal las atendamos urgentemente, ya que cualquier descuido podría producir una infección aún mayor.

Sin embargo, hay heridas que, debiendo ser atendidas inmediatamente, quedan expuestas, abiertas y sin cuidado; por lo que hieden y supuran constantemente, a veces, a través de los años. Muchas de ellas no son apreciadas a simple vista, pues se encuentran en lo profundo de nuestro ser; y aunque algunas han sido causadas por nuestros semejantes, las más complejas han sido causadas por nosotros mismos al cometer errores y pecados que destruyen nuestra estima y dignidad. El ser humano sufre constantemente por el dolor producido por estas heridas. Dice el profeta Isaías: «Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa sana, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no están curadas ni vendadas ni suavizadas con aceite» (Isaías l:6).

Jesús, en su infinito amor, vio esas heridas en el corazón de las personas. Antes de atender la enfermedad física socorría la enfermedad espiritual producida por el pecado, diciendo: «Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados» (Mateo 9:2). La Biblia presenta esta sanidad como la más necesaria y urgente de todas. El remedio que ha provisto el cielo está accesible y es potente para curar hasta la más profunda de esas heridas. La sanidad de nuestros pecados puede ser posible gracias al sacrificio del inmaculado Hijo de Dios. Dice la Escritura: «Mas él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados. Por darnos la paz, cayó sobre él el castigo, y por sus llagas fuimos nosotros curados» (Isaías 53:5).

Cristo vino a sanar las heridas que el pecado dejó en el corazón. Con indecible amor, también a ti van dirigidas las amantes palabras: «Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados». El remedio ha sido provisto. ¿Todavía no lo crees? Pues ¡mira la cruz! Su amor libra al alma de culpa y confiere vida y salud. Bendiciones


martes, 28 de julio de 2020

Enojado con Dios


¿Alguna vez te has enojado con Dios? Cuando escucho a Jeremías, eso es lo que escucho: ira. Él dice: “Tú, Señor, me sedujiste, y yo me dejé seducir. Fuiste más fuerte que yo, y me venciste. Todos los días se me ofende; todo el mundo se burla de mí. Cada vez que hablo, levanto la voz y grito «¡Violencia! ¡Destrucción!». No hay día, Señor, en que tu palabra no sea para mí motivo de afrenta y de escarnio. Me había propuesto no pensar más en ti, ni hablar más en tu nombre, ¡pero en mi corazón se prendía un fuego ardiente que me calaba hasta los huesos! Traté de soportarlo, pero no pude. Jeremías 20:7-9”. Esas son palabras fuertes, y puedo ver por qué. Jeremías ha estado sirviendo como profeta del Señor por bastante tiempo, ¿y qué recompensa ha tenido por ello? Burla, traición y odio, incluso de sus amigos más cercanos. Eso no era lo que Jeremías esperaba.

Sabes a qué me refiero, tú lo has vivido. Estás tratando de servir al Señor y vivir como cristiano, y de repente te encuentras inmerso en un desastre. Alguien que amas se enferma gravemente y debes hacerte cargo de su cuidado te quedas sin trabajo y todos tus planes se desmoronan un hijo o un hermano se sale de los rieles y tienes que ir al rescate. Nada de esto era parte de tu plan. ¿Por qué Dios permitiría que sucedieran esas cosas?

Jeremías no recibe una respuesta; después de todo, Dios es Dios y hace lo que quiere. Como dice Jeremías: “Fuiste más fuerte que yo, y me venciste”. Entonces se enoja. Pero hay más. Mira lo que dice a continuación: “Pero tú, Señor, estás conmigo como un poderoso guerrero en tus manos he puesto mi causa Canten salmos al Señor ¡Cántenle alabanzas! ¡El Señor es quien libra al pobre de morir a manos de los malignos!” (Jeremías 20:11,12,13).

Disgustado como está, Jeremías todavía se apoya en el Señor en busca de fuerza. Todavía confía en Él, lo ama, lo sigue y espera ayuda y salvación de él. Nosotros podemos hacer lo mismo, incluso en medio de nuestros problemas. Podemos clamar al Señor y saber que Él nos escucha, incluso cuando estamos enojados o cuando el nivel de estrés en nuestras vidas está al máximo. Podemos hacer esto porque sabemos que el Señor es completamente confiable y que no nos olvidará, sino que nos escuchará y ayudará.

Después de todo, Jesús es Aquel de quien el Espíritu Santo dijo: “Con todo, él llevará sobre sí nuestros males, y sufrirá nuestros dolores, mientras nosotros creeremos que Dios lo ha azotado, lo ha herido y humillado. Pero él será herido por nuestros pecados; ¡molido por nuestras rebeliones! Sobre él vendrá el castigo de nuestra paz, y por su llaga seremos sanados” (Isaías 54: 4-5). El Dios que sufrió y murió por nosotros en una cruz es el mismo Dios que resucitó de los muertos y que nos llevará con Él a través del sufrimiento a la vida eterna. 

Bendiciones


lunes, 27 de julio de 2020

SER PACIENTES Y SABER ESPERAR



No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa. (hebreos 10:35,36)

La mayoría de nosotros tenemos una idea distorsionada acerca de la paciencia. Pensamos que es algo que nos ayudará a sufrir el fracaso con abnegación, pero según estos versículos, la paciencia nos pondrá en el camino al éxito.

La paciencia, o la constancia, es el poder gemelo de la fe. Ambas trabajan para que las promesas de Dios se cumplan en su vida. Por ejemplo, digamos que usted necesita trabajo. Entonces abre la Palabra y ahí puede ver que Dios promete suplir lo que necesita y que Él se deleita en la prosperidad de sus siervos. Una vez que se da cuenta de esas verdades, la fe cobra fuerza y usted exclama: “Aleluya, tengo el trabajo que necesito”.

Pero ¿qué sucede con esa fe si mañana usted va a tres entrevistas de trabajo pero no tiene éxito con ninguna? ¿Entonces qué? Pues, entonces es cuando la paciencia tiene que entrar en acción y usted tiene que tomar la decisión de ser constante y de actuar como si nada hubiera cambiado.

La verdad es que, si usted puso su confianza en la Palabra de Dios, nada ha cambiado; lo que la Palabra dijo ayer lo dice igualmente hoy. la fe abre le la puerta a la promesa de Dios y la paciencia la mantiene abierta hasta que esa promesa se cumpla.

¿Tiene su mira de fe puesta en alguna promesa de Dios, alguna promesa que ha estado esperando por algún tiempo? No deje que la demora lo desaliente. Ponga la paciencia en acción. La Palabra garantiza que usted recibirá su recompensa.

Bendiciones


sábado, 25 de julio de 2020

¿Porque debemos poner nuestra confianza en Dios?


¿Cuál es el mayor problema que tenemos los cristianos? Que hablamos muchísimo de Dios, pero no lo conocemos. En nuestro criterio, Dios es conforme lo imaginamos, de acuerdo con nuestra propia perspectiva. Y ahí está el error. El Señor en el que creemos es muy distinto del real, el Dios de poder que transforma, hace milagros y cambia las circunstancias.

Recuerde lo que enseñan las Escrituras: “Pues el Señor es bueno. Su amor inagotable permanece para siempre, y su fidelidad continúa de generación en generación.” (Salmo 100:5. Nueva Traducción Viviente)

¿Qué debe mediar? La revelación del Señor. Dios debe revelarse a nuestra vida. ¿Y cómo lo logramos? Mediante intimidad con Él. ¿La oración y el estudio sistemático de las Escrituras es un camino apropiado para conocerle como realmente Él es?

Cuando le conocemos en Su plenitud, podemos confiar en Él. Comparto con usted cinco razones para confiar en Dios que nos enseña el reverendo Charles Stanley:

Basándonos en el carácter de Dios, ¿de qué podemos estar seguros?

I-                   Dios nos impartirá su misericordia. Al enviar a su Hijo a morir en nuestro lugar, el Padre celestial demuestra su amor por nosotros (Salmo 100:5; 1 Juan 4:10).

I-                  El Señor nos ayudará a hacer lo que Él requiera de nosotros. Nos dará no solo la sabiduría espiritual para que podamos realizar las tareas que nos ha asignado, sino también el poder para llevarlas a cabo (hebreos 13.21).

I-                  Dios pondrá un límite a las tentaciones y a las presiones que permite en nuestra vida. Como artesano de nuestras vidas, Él sabe cómo moldearnos a la imagen del Señor Jesús (2 Corintios 4.8).

I-                  Dios nos fortalecerá y protegerá para que no tengamos que claudicar o rendirnos. Aunque somos débiles, Él sabe cuán fuertes podemos ser cuando su poder está en nosotros (1 Corintios 10.13).

I-                  Nuestro Padre celestial perdonará nuestros pecados. Él está listo para recibir nuestra confesión, perdonarnos y limpiarnos de toda maldad cada vez que acudamos a Él (1 Juan 1.9).

Además de estas bendiciones durante el tiempo que vivamos en este mundo, tenemos también bendiciones futuras de las que podemos estar seguros. Podemos tener la confianza de que la vida no termina cuando nuestro cuerpo terrenal muere (2 Corintios 5.8); que viviremos en el cielo para siempre; y que Jesucristo volverá un día.

La vida tiene, sin duda, experiencias dolorosas (Juan 16.33). Pero cuando los problemas nos opriman, pensemos en todas las razones por las que podemos depender de Dios.


viernes, 24 de julio de 2020

PALABRA DE FE


Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno saca cosas buenas del buen tesoro de su corazón; el hombre malo saca cosas malas de su mal tesoro. (Mateo 12:34-35)

Así como las palabras no funcionan sin fe, la fe sin palabras, tampoco funciona. Ambas son necesarias para activar la ley de la fe. Hay muchos creyentes que ignoran ese principio. Siempre hablan palabras de duda e incredulidad. Luego, un día se les ocurre levantarse y declarar algunas palabras de fe, y esperan mover montañas. Sin embargo, para su sorpresa, las montañas no se mueven.

¿Por qué no se mueven?

Porque Mateo 12:34-35 dice que son aquellas palabras que vienen del corazón las que producen resultados.

¿Eso quiere decir que no deberías hablar palabras de fe hasta que no estés seguro de que tiene la fe para respaldarlas?

¡No! Hablar palabras de fe es un buen ejercicio espiritual. Por ejemplo: si quieres recibir sanidad, sujeta tu mente y tu boca a la Palabra de Dios en lo que concierne a la salud. En lugar de hablar de lo mal que te sientes, repite lo que dice Isaías 53:5: «Pero él será herido por nuestros pecados; ¡molido por nuestras rebeliones! Sobre él vendrá el castigo de nuestra paz, y por su llaga seremos sanados».

Si continúas meditando en esas palabras, empezará a ir cada vez más profundo. Echarán raíz en tu corazón y empezarán a crecer. Eventualmente, estarás hablando de la abundancia de tu corazón. Y cuando eso suceda, no importará cómo luzcan las circunstancias. Porque sabrás que recibirás lo que has estado creyendo. Habrás cruzado la línea de la esperanza a la fe, ¡y verás las montañas moverse!